Tip Teñido

Así nació el corrector de ojeras e imperfecciones


Las ojeras son una de nuestras principales preocupaciones. Hoy en día, por suerte, contamos con distintos productos para cubrirlas, pero no siempre fue así. Enterate cómo evoluciona este mágico producto que tapa imperfecciones y realza la belleza.

Hace muchísimo tiempo, allá por el año 100 a.C., las mujeres ya tenían un objetivo claro y eran capaces de hacer cualquier cosa por verse más bellas, una costumbre aún vigente. Por entonces, no existía el corrector de ojeras tal como lo conocemos hoy. Por eso, para hacer que su piel se viera blanca, pareja y sin imperfecciones, se aplicaban una mezcla a base de yeso, harina de habas, tiza y albayalde (carbonato cálcico de plomo). Esta pasta resultaba eficiente, pero altamente tóxica y le costó la vida a muchas.

Para el Siglo V, las cosas no habían mejorado. Distintas enfermedades de la Edad Media, como la viruela, provocaron cicatrices en el cuerpo y el rostro. Las mujeres de esa época tenían un tip para esta situación: colocar cerusita (también conocida como blanco de plomo) que cubría la piel, y todas sus imperfecciones, dejándola blanca. Sin embargo, se trató de un tratamiento peligroso que envenenó a muchas de ellas.

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Durante toda la época de la Edad Media, el maquillaje en general estaba prohibido por cuestiones religiosas, y solo aceptaba socialmente que los médicos utilizaran técnicas para blanquear zonas oscuras o cubrir imperfecciones de lo que se consideraban “afecciones de la piel”. Muchas veces se utilizaba talco, por lo que las ojeras lucían extremadamente blancas.

Hacia 1700 se comenzaron a utilizar con mayor frecuencia productos naturales, no dañinos, para desinflamar la zona de las ojeras. Por ejemplo, las mujeres colocaban rodajas de pepino o agua de rosas sobre los ojos para que se vieran saludables y no hinchados. También se utilizaba una mezcla de hojas de menta y limón, para refrescar la piel.

En 1920 fue el auge de los cosméticos y sus industrias. En ese momento, junto con la base y el polvo también se comercializaba un producto especial para cubrir imperfecciones. Recordemos que estos primeros maquillajes estaban restringidos a las mujeres importantes o a los artistas. Recién en 1940 se popularizan y la tendencia era lucir las ojeras muy claras.

30 años más tarde se conocieron los colores más oscuros e incluso se usaban junto con los claros, para crear luces y sombras en el rostro. Para 1990 ya contábamos con todos los colores, uno para cada tipo de imperfección y ya no solo para las ojeras o cicatrices.

En 2012, Avon lanzó su línea Ideal Flawless, que incluye un corrector en barra con dos tonalidades. Este producto, además de ser práctico para llevar en el portacosméticos, tiene una textura suave que cubre las imperfecciones además de acondicionar la piel.

UNO PARA CADA IMPERFECCIÓN

No todos los correctores cubren lo mismo. Chequeá estos tips para que uses el adecuado:

  • Zonas rojas: si tenés un granito o un parte de tu rostro enrojecida, optá por un corrector verde que neutraliza el tono. En el caso de acné, existen productos específicos que además de cubrir, secan y desinfectan esa zona.
  • Zonas oscuras: los puntos negros o las ojeras son muy comunes. Para estos casos, elegí un corrector amarillo o beige claro. Aplicá la cantidad necesaria para cubrir todo y luego emparejá con el resto del rostro, utilizando una base.
  • Cicatrices: Si están coloradas, buscá el color verde. Si son del color de la piel, aplicá un corrector de tu mismo tono o apenas uno más claro. Luego, integrá con la base de maquillaje.

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